Tropicario, Jardín Botánico de Bogotá
Jaime Cabal, Jorge Buitrago, David Carmona, Melisa Arango, Carlos Andrés Palacio, Sara Olier, Benjamín Gómez, Mateo Agudelo, Dg. Adriana García
Ubicación: Bogotá, Colombia
Proyecto: Paisaje y Urbanismo
Categoría: Profesional / Competición
Programas: AutoCAD, SketchUp
Bogotá es la capital de Colombia. Está situada en el centro del país, a 2.600 metros sobre el nivel del mar. La zona que ocupa la ciudad se conoce como la «Sabana de Bogotá», una meseta alta que forma parte de la cordillera oriental de los Andes. La ciudad limita al este con una cadena montañosa conocida como las Colinas Orientales y al oeste con el río Bogotá; hace unos 20 000 años, esta zona era un gran lago que unía las colinas y el río. Hoy en día, solo quedan unos pocos vestigios de ese pasado lacustre; la ciudad drenó la gran mayoría de sus humedales para el desarrollo urbano, reduciendo su superficie de 50 000 hectáreas a principios del siglo XX a tan solo 727, lo que supone solo el 1,45 % de la superficie original. Esta degradación se ha producido en gran medida debido a una falta generalizada de concienciación sobre la importancia de los humedales para el ecosistema.
La riqueza medioambiental del país contrasta radicalmente con sus altos niveles de deforestación y explotación de materias primas; la minería ilegal, la ganadería extensiva y la tala indiscriminada se cuentan entre los problemas más graves, y las elevadas tasas de especies en peligro de extinción han situado a Colombia en la Lista Roja de los ocho países responsables de la mitad de la degradación medioambiental del planeta. Como estrategia de conservación y protección de los ecosistemas, el Jardín Botánico de Bogotá está desarrollando la iniciativa «Nodos de Diversidad», un ambicioso proyecto que tiene como objetivo llevar a cabo una nueva expedición botánica por diferentes regiones del país, lo que ayudará a proteger y dar a conocer algunos de los ecosistemas más amenazados de Colombia.«El Tropicario», como se llama el proyecto, es la infraestructura principal de este plan; servirá como espacio para exponer y dar a conocer los resultados de estas expediciones. El proyecto se ha construido en el emplazamiento de una antigua estructura que se encontraba en muy mal estado. Un factor clave a la hora de elegir el emplazamiento fue la conservación de las palmeras de cera que lo rodean, una especie designada como árbol nacional, que está en peligro de extinción y crece muy lentamente. Estas palmeras viven más de 100 años y pueden alcanzar alturas de hasta 70 metros. Alrededor del Tropicario hay más de 70 palmeras maduras de este tipo. Esto hizo necesario utilizar un sistema estructural flexible que no interfiriera con ellas.
Otra condición importante fue su integración en la estructura del Jardín Botánico y su sólida misión educativa y de divulgación; el Tropicario forma parte del recorrido general del Jardín, y la arquitectura propuesta está diseñada para que se disfrute como parte de ese recorrido, así que no se podía concebir como un edificio cerrado por paredes. La pregunta inicial fue: «¿Cómo nos relacionamos con el paisaje de la sabana de Bogotá?». Esta pregunta exigía que el proyecto funcionara como un espacio para sensibilizar y educar al público sobre los valores medioambientales y las amenazas a las que se enfrenta este territorio, como forma de contribuir a la cultura del paisaje local. La respuesta pasaba por entender el edificio como un sistema: partes interconectadas que forman un todo.En teoría, la idea era que las distintas zonas del programa funcionaran como espacios flotantes dentro de un humedal —el ecosistema típico de la sabana bogotana—. Las principales fuentes de inspiración fueron los diseños arquitectónicos anfibios creados por los ingenieros prehispánicos (chinampas, camellones e islas flotantes). El proyecto consta de seis colecciones: Selva tropical, Bosque seco, Colecciones especiales, Plantas útiles, Superáramos y Biodiversario. Cada espacio tiene requisitos específicos de altura, temperatura y humedad; estos espacios funcionan como módulos «flotantes», conectados por un humedal artificial, un concepto que propuso el equipo de diseño durante la fase del concurso.
El diseño buscaba utilizar sistemas pasivos de control de la temperatura que no necesitaran ventilación mecánica; se utilizaron cristales de distintos grosores y filtros, junto con sistemas de apertura automática en ciertas zonas para regular la temperatura. Cada estructura está diseñada para recoger agua; se incorporó un óculo en la parte superior para captar el agua de lluvia y canalizarla hacia los lagos situados dentro de los espacios, desde donde fluye hacia el humedal artificial perimetral, que funciona como un gran depósito de agua utilizado para los sistemas de riego de la vegetación, creando así un ciclo cerrado. Un sistema de «cámaras de esclusa» —espacios de transición entre las distintas colecciones— permite a los visitantes desplazarse de un espacio a otro manteniendo las condiciones de temperatura necesarias para cada uno; dentro de cada cámara de esclusa se encuentran los controles técnicos de los espacios y las salidas de emergencia necesarias. La crisis medioambiental a la que se enfrenta nuestro planeta hace que sea necesario concebir este proyecto público desde una perspectiva tanto urbana como medioambiental de forma simbiótica, con el objetivo de salvaguardar el patrimonio medioambiental de todos.El Tropicario es una iniciativa que busca fomentar una cultura del diseño paisajístico que transmita un mensaje de urgencia global desde una perspectiva local. El sistema estructural se basó en pilotes de hormigón hincados a 30 metros de profundidad en el suelo, situados a lo largo del perímetro de las estructuras; el objetivo de este sistema era dejar libre el suelo en el interior de los espacios para permitir zonas de plantación profundas. A nivel del suelo, sobre estos pilotes, se construyeron muros de hormigón inclinados; estos sirven de soporte para la estructura metálica y actúan como «jardineras» dentro de los espacios, conteniendo parte de la tierra para las plantas y creando variaciones topográficas que permiten organizar zonas de plantación para diferentes especies. Se han instalado pilares metálicos, de 30 cm por 10 cm, en los muros de hormigón armado a lo largo del perímetro de cada espacio, formando «cestas estructurales»: una estructura espacial autoportante que elimina la necesidad de columnas interiores.